Hoy es solo un
símbolo, pues se traen novillos de otras dehesas españolas, que
se vuelven a correr y capear en Cañada Honda al igual que se
hiciera con ellos una semana atrás, en el Lavalenguas. Pero
sigue siendo un explendorosa jornada campera, de grato pretexto
de romería y de fiesta en el monte de Valonsadero. En lo
antiguo, cada Jurado y sin fecha fija, se desplazaba al monte
donde se criaba el bravo, buscaba al pastor. Se examinaban los
animales y, tras el indispensable regateo, quedaban "comprados"
los astados del Viernes de Toros, doce en total, uno por
Cuadrilla, desde que en 1914 pasaran de 16 al número indicado,
que es el que se mantiene hoy en día.
Se sigue
merendando, bailando; se enamoran mozos y mozas y se regresa ya
de noche a la Ciudad en diversidad y multitud de vehículos que,
por los más entusiastas, adornados salieron y regresan en
caravana multicolor hasta el corazón de la Ciudad.